miércoles, 29 de octubre de 2014

La in-dependencia online

Hace algunas semanas, a través de Twitter, una seguidora me propuso abordar, con valentía, el polémico asunto de la independencia de los medios de información en España. Me retaba, en última instancia, a hablar, sin pelos en la lengua, acerca de los entresijos que condicionan, en mayor o menor medida, la evolución de grandes medios como ‘La Razón’ o ‘El País’, ideológicamente en las antípodas, y los grupos de comunicación que los respaldan.

Independientemente del desiderátum que supone enaltecer las bondades del periodismo y del ejercicio, por delegación, de la gestión honesta del derecho a la información, que corresponde a los periodistas, y que –está muy bien- ponderarlo en cuantos foros sea necesario, lo cierto es que los periodistas, hasta ahora, no han tenido capacidad –ni estructura- para difundir mensajes masivos a sus ciudadanos. En el modelo de explotación periodística que sigue funcionando (no se sabe por cuánto tiempo más…) son las empresas las que facilitan esa difusión. El periodista, por tanto, trabaja mediatizado por las estructuras corporativas. Éste es, insisto, el modelo que el periodismo se dio en sus comienzos, todavía en vigor -aunque no vigoroso- y que internet ha llegado para demoler.

Si hablamos de empresas, en un sistema capitalista, y liberal, como es el nuestro, tenemos que hablar, forzosamente, de dinero. Y, derivado de éste, de rentabilidad. Las empresas persiguen un lógico afán de lucro. Sus accionistas piden una o dos veces al año cuentas al equipo directivo y luchan porque su dinero invertido, genere más dinero y crezca cuanto más mejor. Esto forma parte de las reglas del juego.

Me decía Carlos Herrera en este mismo blog que “la publicidad, paradójicamente, nos hace más libres de lo que somos”. Y aunque tal vez el sentido que le diera a su respuesta fuera diferente al mío, lo cierto es que, salvo los medios públicos que en este país no hemos logrado que funcionen de manera independiente del partido de turno (el PP se cargó la corporación RTVE cuando llegó), los medios de información privados viven de la publicidad (bueno, y de la venta de merchandising). Y si sus ingresos son suficientes, y sus dependencias financieras (la deuda) razonables, se pueden permitir el lujo (la obligación diría el manual del buen periodismo) de ser independientes del poder y de ejercer el sentido crítico con él.

Ben Bradlee en un
retrato fechado en 2013
No creo, ni nunca he creído, en el periodismo de partido, o de trinchera, en el ideológicamente teledirigido hacia un sector u otro del pensamiento. Creo, y así me lo han enseñado mis maestros, en el periodismo valiente, independiente, siempre crítico con el poder, comprometido y hasta –admirable por corajudo- un poco suicida. De no existir este concepto del buen periodismo, el “Caso Watergate” no se hubiera publicado nunca en ningún periódico, y menos en “The Washington Post” de Ben Bradlee, que ha muerto, a los 93 años, este mes de octubre, después de haber dirigido ese rotativo durante 26 años de su vida profesional, y haber creído, hasta el final, en las investigaciones de dos jóvenes periodistas de su redacción, Carl Bernstein y Bob Woodward, que terminaron con la vida política nada menos que del entonces presidente de los Estados Unidos de América, Richard Nixon, en 1974.

En ese caso “The Washington Post”-empresa tenía la independencia económica suficiente, como para poder enfrentarse abiertamente contra el poder y, con la fuerza de sus datos, incontestables, terminar con la persona que ocupaba la presidencia del país más poderoso del mundo. Un auténtico hito de la libertad de expresión que se sigue estudiando en las Facultades de periodismo y que, a los más veteranos de este oficio de contar la vida, nos congratula con la profesión.

Sin embargo, en la España de comienzos del siglo XXI, con unas arcas públicas malheridas, y una crisis persistente, que no terminamos de superar, las empresas periodísticas, como he escrito en este mismo blog en más de una ocasión, han perdido su apellido de casadas -‘periodísticas’- y han regresado a la soltería. Dicho de otra forma, se han hecho, todas, sin excepción, dependientes. Sus ingresos, diezmados; su viabilidad, en entredicho y su influencia, en declive las han abocado a la supervivencia. Y el camino que les ha quedado para seguir siendo útiles ha sido emparejarse con el poder.

Fotos que lo dicen todo: Juan Luis Cebrián
 (Prisa) y Soraya Sáenz de Santamaría
En este contexto, tan triste como irritante, no es extraño leer noticias como ésta que protagoniza la vicepresidenta del gobierno: “Soraya asegura a Mariano Rajoy que ‘todos los diarios están controlados’ incluyendo a ‘El País’”. Como defiendo en líneas precedentes, el verdadero periodismo solo puede ejercerse desde una auténtica independencia económica. Si ésta no concurre, tenemos un auténtico problema. El poder, sea cual sea, perseguirá siempre su continuidad y, si para ello, tiene que doblegar a los medios de comunicación, y uniformarles, no regateará esfuerzos para lograrlo.

El PP no lo está pasando bien. Los casos de corrupción de algunos de sus dirigentes, con nombres como el de Bárcenas ya en la cárcel, y otros –como Rato y Granados- que tratan de soslayarla, están minando su imagen, pese a las energías que está invirtiendo en proclamar, a los cuatro vientos, que la crisis ha sido superada y que España ha pasado de la cola de Europa, a ser ahora la locomotora del Viejo Continente (¿en qué vagón van los millones de parados?).

Entiendo, también, que, como seguro habrán percibido algunos de mis perspicaces lectores, mis argumentos pueden parecerles algo inconsistentes, pues si surgen los ‘Casos Tarjetas Caja Madrid’ o “Libertad Digital”, ello significa que sigue habiendo prensa independiente. Es cierto. Pero por lo general, y así estamos, estas noticias no son producto de una investigación sesuda de algunos periodistas, como los que citábamos antes, sino producto de filtraciones interesadas, muy bien dosificadas en los tiempos (casi siempre en períodos pre-electorales) que utilizan como método unos partidos contra otros. Filtraciones que hacen llegar a medios ideológicamente contrarios a los del poder y que tratan de perjudicar su cartel electoral. Filtraciones que no dejan de ser carnaza para el aumento de ventas de un periódico (¡dinero!¡ingresos!).

Para algunos, Àngels Barceló es una disidente
del acuerdo de subsistencia de Prisa con el Gobierno
Un gobierno tiene más poder del que creemos: puede despedir directores de periódicos o favorecer la refinanciación de las deudas que penden de algunas empresas periodísticas. A los medios de información les queda muy poco margen de maniobra: doblegarse o morir. Ésta es la cuestión. Y en los medios más díscolos con el gobierno, de uno y otro lado del espectro ideológico, las directrices ya están establecidas: seguiremos criticando al poder, pero con el chip de ‘baja intensidad’, no vaya a ser que recibamos una llamada de vicepresidencia del gobierno que nos sonroje y nos haga reconducir el camino del coqueteo.

Así, y pese a la desconfianza que muchos contenidos que se publican en los “confidenciales” debe merecernos, noticias como ésta: “Malestar en PRISA con Àngels Barceló por no rebajar el tono crítico con el Gobierno” ya no deben sorprendernos, porque los acuerdos con el Gobierno hay que mantenerlos y vigilarlos. Pero hay periodistas que velan por mantener su independencia, lo cual les honra, y otros que velan por mantener su puesto de trabajo, lo cual, dicho sea de paso, también es muy respetable, y comprensible.

Un proyecto unipersonal basado en la
credibilidad de un periodista como
Fernando Berlín
Dentro de poco, para fiarse, los medios de información deberán colgar en su web las cuentas de resultados para comprobar si realmente disponen de la independencia financiera suficiente como para poder ejercer la crítica contra el poder. Durante muchos años, y aún se sigue haciendo, la publicidad institucional de ayuntamientos, gobierno autonómicos y el nacional constituían otro modo de mantener a raya a los medios. Algo reprobable en todo caso.

Pero, entre unos y otros, se están cargando el periodismo. No entiendo, a veces, cómo se siguen comprando periódicos, porque dejarse el dinero en uno de ellos significa creer en lo que dice. Y, ahora, yo no pondría la mano en el fuego, porque existe mucho riesgo de quemarse. ¿Qué nos queda? Internet. La red ha llegado, como decía, para demoler el modelo actual y permitir que un solo periodista sea capaz, por sus propios medios –blogs, Twitter, Facebook, etc.- de llegar hasta miles de ciudadanos, hasta millones, de hecho. Cada vez surgen más proyectos, muchos unipersonales, de colegas que están haciendo una brillante labor, independiente. Y muchos, digo, están volviendo a las esencias del buen periodismo, de ése que defendió Bradlee a costa de su propio futuro profesional.

Javier Gallego, Eva López y Jorge Maldonado, en los
Premios AERO, de 'Carne Cruda 2.0', despedido de RNE
 y de la SER, ahora con su propio proyecto online
Pero que nadie piense que mi mensaje persigue enaltecer todo lo que nos encontramos en la red. En absoluto. Hay que ser muy precavido y asegurarse de que el autor de tal o cual bitácora, o los promotores de tal o cual periódico digital se merecen nuestra confianza, lo cual es lo mismo que delegar en ellos nuestro derecho a la información. Pero, hoy por hoy, ¡qué lamentable! los medios de información que pertenecen a los grandes grupos, ejercen el periodismo en complicidad con el poder. Lo que nos pasa al común de los mortales con los bancos –si uno depende de ellos- es lo mismo que sufren los grandes grupos de comunicación: la dependencia financiera de los bancos deriva en pérdida de independencia política en el caso de los medios.

Y otra cosa, cuando alguien –un medio, de las dimensiones que sean- empieza a despuntar y a hacerse fuerte criticando al poder, éste tratará de extender su manto sobre él para domesticarlo, para contaminarlo de aquiescencia. Pero seguiremos ojo avizor...  

martes, 28 de octubre de 2014

Los becarios, eternas víctimas del sistema

A nadie creo que sorprenda a estas alturas de la película lo que está sucediendo en numerosos medios de comunicación con respecto a los becarios, que se convierten en ‘vitalicios’, ocupando un puesto de trabajo como el de cualquier redactor pero cobrando sueldo de becario. Mientras tanto, los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) se van formando a base de redactores senior, muy experimentados, pero mucho más caros, que –según los empresarios- se han convertido en una lacra para las cuentas de resultados.

Los becarios asumen responsabilidades que les exceden
El último episodio, muy sonado, ha ocurrido en la SER, donde la Inspección de Trabajo ha obligado a regularizar la situación a esta compañía de Prisa, lo que ha supuesto la salida de 80 becarios, según algunas informaciones, de Madrid y emisoras, de todos los departamentos, programas, deportes e informativos. 80 jóvenes a la calle porque la SER es incapaz de pagarles un sueldo digno y acorde con el trabajo que realizan.

Hemos trabajado como un redactor más, pero cobrando la décima parte”. Éste era el titular de un post que publiqué en octubre de 2012, hace ahora dos años, y que confirma que la inspección del Ministerio de Trabajo llega muy tarde. Los becarios son perfectamente conscientes de la labor que desarrollan y la remuneración –ridícula- que perciben, si es que perciben alguna. Por lo menos en la SER se paga (unos 300€ si no recuerdo mal).

La investigación no fue tal sorpresa. Independientemente de que el Ministerio de Trabajo había iniciado, meses atrás, inspecciones en medios de comunicación para certificar lo que ocurría realmente con los becarios, el caso es que algunos días atrás de la salida masiva de los jóvenes de Gran Vía 32, a la mayoría de los becarios de la SER empezaron a comunicarles que “tenían que abandonar la casa, por problemas presupuestarios”. Por supuesto, nada se les dijo de que el Ministerio de Trabajo iba a inspeccionar su situación, lo que hubiera supuesto reconocer abiertamente la ilegalidad del marco laboral que les acogía.  

Siempre ha ocurrido esto. No es una novedad que los medios de comunicación, y especialmente los que financieramente se encuentran en peor situación, se han servido de las becas de formación para abastecer sus necesidades informativas o programáticas. Por lo general, unos buenos estudiantes, bien adiestrados, pueden cumplir sobradamente la función de un redactor junior y cuestan muchísimo menos que éste, no solo en remuneración, sino también en seguridad social y otros conceptos.

Las empresas no valoran la formación que han volcado
en sus becarios, y prefieren gastar su esfuerzo a dinero
Pero igual que afirmo esto, también hay que apuntar que durante muchos años la única ‘puerta de acceso’, al menos en la SER, era ésta: la de los becarios. Después de la infinita paciencia de muchos de ellos, y del apoyo económico de sus padres, los que verdaderamente demostraban su valía profesional, recibían como premio un contrato, con la consiguiente alegría que suponía para el joven, que ya no lo era tanto, después de ir sumando beca tras beca, en ocasiones matriculándose en estudios que no podía seguir, única y exclusivamente porque esa condición de estudiante le permitía seguir renovando la beca.

Las triquiñuelas de la ley favorecían el descontrol laboral en torno a los becarios, las empresas se beneficiaban de mano de obra barata, aunque inexperta, y los becarios no salían a la calle a protestar en manifestación, porque les iba en ello su ‘puesto de trabajo’ y su (pírrico) sueldo. Era poco, pero era. Y trabajar en un medio de comunicación, de la categoría de la SER, sumaba enteros ‘de prestigio’ a la beca. De esto último se valían en ésa, y otras casas,  para apuntalar su estructura de becarios que en esta última etapa, financieramente tan dura para todo el grupo Prisa, estaba claramente desproporcionada, más si cabe tras la salida masiva de profesionales que dejaron huecos importantes en la plantilla que hubo que ir recolocando a modo de puzle.

Más sangrante ha sido, al parecer, el caso de ‘Deportes’, cuyo departamento había quedado diezmado tras la salida de Paco González, Manolo Lama y Pepe Domingo Castaño a la Cope y que se había renovado en parte, cómo no, tirando de becarios. Las informaciones publicadas hablaban de que la salida de becarios en este departamento fue de 20 personas. No puede obviarse tampoco que la Escuela SER de Deportes es una catapulta privilegiada para formarse y despuntar y que, a buen seguro, esta circunstancia –obligarles a prescindir de 20 redactores en prácticas- habrá truncado más de una carrera, que ya se presumía brillante en muchos casos, con nombres y apellidos. Una verdadera lástima. Esto es, al final, lo que ocurre con este asunto: que cuando has formado a alguien, le has dedicado tiempo, esfuerzo y medios, técnicos y humanos, para que se haga mejor profesional, entonces –digo- tienes que despedirle, para que otros se aprovechen de él.

La situación de los becarios en el sistema español está
 tan enraizada en la cultura, que nadie hace nada
A la Federación de Asociaciones de la Prensa, FAPE, no le ha quedado más remedio que aplaudir la actuación de Inspección de Trabajo. Así lo ha hecho a través de un comunicado en el que defendía las buenas prácticas laborales en el ámbito del periodismo. A los compañeros de la Junta Directiva de la FAPE se les ha iluminado de repente la bombilla: “hay becarios que ocupan puestos estructurales de las mermadas plantillas de algunos medios, asumiendo tareas de responsabilidad que no les corresponden y que, por supuesto no son remuneradas". Todos ellos son profesionales que trabajan, o han trabajado, en medios de comunicación y todos ellos han visto, siquiera de reojo, lo que ocurría en la mayoría de medios. Llegar ahora, con esta declaración, extemporánea, caducada, me produce un poco de sonrojo colectivo.

La FAPE comenta en su comunicado que esta situación no beneficia a los jóvenes periodistas, que "sufren una explotación en el trabajo sin que se garantice su formación práctica, mientras que está llevando al paro a los más experimentados", por lo que "estimamos que no es exagerado afirmar que un becario explotado equivale, al menos, a dos o tres periodistas veteranos parados. "Al final, el resultado es un deterioro progresivo de la calidad de la oferta periodística de los medios que realizan estas prácticas", indica la nota.

Los dibujantes, como Forges en este caso,
son notarios de la tozuda realidad
Por supuesto que estoy de acuerdo con todo. Pero ¿cuántos años hemos perdido en esta carrera por el trabajo digno de los periodistas? ¿Cuántos años mirando para otro lado y permitiendo que la condición de becario –no solo en el mundo del periodismo, miremos hacia la ciencia y la investigación, sin ir más lejos- perdurase artificialmente, postergando y alimentando el espejismo de unos jóvenes que, cuanto más tiempo pasaban al abrigo de la empresa, más ilusiones se hacían de continuar en ella? Llegar a esta situación, somatizada por todos, me parece, sinceramente, indigno de una empresa seria, que diga defender y cuidar el talento.

Por otra parte, me gustaría recoger aquí también otro testimonio de uno de esos jóvenes que salieron por piernas de las dependencias de la SER, con una mano delante y otra detrás, y en el mejor de los casos, que los habría, con un “gracias por los servicios prestados” de algún jefe.

Me decía uno de ellos: “nos han echado a todos, sin miramientos”. Las noticias no son las mismas si se personalizan, se les ponen nombres y apellidos, es lo que se denomina ahora el Storytelling (contar, en lugar de dar la noticia, fríamente). Esos 80 jóvenes expulsados del templo tenían una vida, unos sueños, unas aspiraciones. De momento han creado 80 frustrados. A casi todos, se les adelantaba que podían permanecer en esas circunstancias “hasta dos años”. Éste era el tiempo que permitía utilizar, más o menos alegalmente, la ley.

La formación que, en la mayoría de los casos, se llevan
 los becarios españoles, constituirá su principal
patrimonio de cara a la recolocación laboral
Pero yo estaba haciendo curriculum, Gorka, estaba aprendiendo y, es verdad, haciendo un trabajo de un redactor. Pero… es eso o nada” –me decía mi joven y estupefacto interlocutor, que acababa de abandonar su condición de eterno becario (iba para dos años)-. Es cierto, el inspector planteó dos opciones: o se prescinde de esa persona o, en justicia, se le hace un contrato de redactor y entra a formar parte de la plantilla, con todos sus derechos y deberes. La segunda opción es impensable hoy en la SER, donde el dinero llega con cuentagotas, y después de pasar veinte filtros. Que se lo digan a los proveedores…

En todo este asunto, no hay más que una monumental hipocresía. Empezando por el Gobierno, que consiente legislaciones laxas en este asunto, facilitadoras de subterfugios y chanchullos que permiten a las empresas no solo beneficiarse de mano de obra barata, sino desprenderse de la mano de obra cara y sustituirla por carne de becario. Tampoco me olvido de las universidades que, en la mayoría de los casos, se desentienden de sus alumnos, y solo se acuerdan de las prácticas cuando deben contabilizar los créditos. Y el colectivo de periodistas, que conoce bien la situación y no la denuncia con la determinación necesaria. La cadena SER, u otras empresas similares, no tienen toda la culpa. ¿Que se benefician de ello? Es cierto, pero si no existiera la posibilidad, si las prácticas estuvieran mejor remuneradas por ley, y más claramente delimitadas en el tiempo, los problemas no se multiplicarían. En el tema de los becarios en España, en algunos casos hay que hablar, directamente, de explotación laboral, pero da igual. Nadie moverá ni un dedo por ellos, porque el mundo al que afectarían las medidas es el de las empresas y con el dinero, señores, no se experimenta. Mientras tanto, nos seguirán dando mucha ‘gaseosa’, como diría Eugeni d’Ors. 

jueves, 23 de octubre de 2014

El tratamiento informativo del Ébola




La gestión informativa del Ébola en la crisis sanitaria española
Cuando exista suficiente perspectiva histórica, lo ocurrido con el Ébola en España será estudiado como caso de comunicación en las Facultades. Numerosos actores, la mayoría sin acierto, han participado en estos hechos, que han provocado en la sociedad, española e internacional, una incuestionable alarma social. Por eso, contar con la reflexión de la profesora Julia García Agustín, doctora en comunicación, y especialista en Modelos de Gestión de la Comunicación Científica, constituye un auténtico privilegio para este blog. 

La profesora doctora Julia García Agustín
El primer caso de contagio de la enfermedad del Ébola que se ha producido en España ha disparado las alarmas informativas y sanitarias en el país y en todo el mundo, no sólo por la gravedad del caso, sino por las consecuencias que se puedan derivar, tanto para la población local, como para las naciones del entorno y sus posibles repercusiones para la maltrecha economía española.

La cobertura informativa de un suceso de estas características cobra una relevancia trascendental por la alerta que produce en su población y en el resto del continente europeo, por el daño que ocasiona a la imagen de España internacionalmente, por el descrédito de las autoridades que genera entre los ciudadanos y la opinión pública exterior, por el clima de inestabilidad social, política y económica que origina dentro del país y por las consecuencias que se pueden derivar de una mala gestión de la crisis sanitaria por parte de los responsables encargados de ello. 

Ante este estado de cosas, el papel de los medios de comunicación se revela fundamental para la gestión de la situación. La función de la prensa –más allá de informar puntualmente y con rigor de la situación- sobrepasa el mero tratamiento de la información, ya que adquiere características casi de “cuestión de Estado”. 

Por esta razón, la labor que desempeñan los medios en la gestión de la “crisis del Ébola” es vital para la sociedad, no sólo para conocer los acontecimientos, sino para valorarlos, evaluarlos, analizarlos y fiscalizarlos, lo que contribuirá a crear un clima de tranquilidad en la población bien informada, que posibilitará que los ciudadanos participen activa y convenientemente en la prevención y en la lucha contra la enfermedad, sumando fuerzas con los profesionales sanitarios y las autoridades. 

Los fallos detectados en el tratamiento informativo
del Ébola han puesto en evidencia las carencias
 de nuestro modelo informativo
En este contexto, la cobertura informativa que lleven a cabo los medios de comunicación y el tratamiento de la información que realicen deben ser lo más exhaustivos posible y deben perseguir de manera especial la pertinencia y relevancia de las fuentes, que mayoritariamente deben ser científicas, pues son los únicos profesionales que conocen verdaderamente la enfermedad, la manera de combatirla, los procedimientos a seguir y siguen investigando sobre ella para encontrar el tratamiento que la erradique.

Sin embargo, gran número de medios de comunicación españoles se están decantando por ofrecer a su audiencia opiniones de políticos y otros agentes sociales, en lugar de la opinión bien formada de expertos, que es la que, en estos momentos, precisa mayoritariamente la sociedad y los profesionales encargados de luchar contra el Ébola, una enfermedad cuyo solo nombre aterra. 

En un momento como el actual, en el que las sociedades desarrolladas viven rodeadas de ciencia por todos lados –y el Ébola lo es-, la información periodística sobre esta enfermedad debe tener un tratamiento fundamentalmente científico, basado en la el Modelo de Gestión Científico-Periodístico (MGCP), que permite abordar de manera eficiente e integral sucesos complejos y trascendentales como éste sin caer en errores fatales ni en alarmismos innecesarios, que sólo aportan intranquilidad y caos a la situación.

El Ébola ha provocado en la sociedad
española una gran alarma social
La ciencia es una realidad tangible y palpable para las sociedades tecnológicas como la española y su percepción por parte de la ciudadanía es cada vez en mayor medida una cuestión de capital importancia, que tiene consecuencias políticas y económicas. De la correcta gestión de información de ciencia depende en muchos casos la correcta percepción de sucesos, circunstancias o situaciones que, como en este caso del Ébola, son vitales para los ciudadanos y para el éxito o el fracaso de determinadas medidas que haya que adoptar en relación a ellos.

El conocimiento científico rodea al hombre actual por doquier y este hecho el individuo lo tiene asimilado como parte de su vida cotidiana. Es un elemento de ella, pero no un elemento más, sino un elemento cada vez más imprescindible y necesario. Sin embargo, la ciencia no siempre tiene respuestas para todos los sucesos que ocurren alrededor del ser humano, como ocurre en estos momentos con la “crisis del Ébola”.

Es en estas situaciones cuando el periodismo y el periodista deben realizar un abordaje de la información mejor y mayor. Sobre todo, cuando se trata de un tema de interés general como es la salud o la pérdida de ella. Lo que periodísticamente se define como un “tema estrella”.

Éste no es un tema baladí, si tenemos en cuenta que la propia Unión Europea, con el Proyecto Messenger –un conjunto de directrices diseñadas para que los investigadores se comuniquen de manera eficaz con los medios de comunicación- pretende desde hace años acercar la ciencia a los ciudadanos a través, precisamente, de la prensa, pues sus promotores –el Social Issues Research Centre y el Ámsterdam School of Communications Research- descubrieron en su día que la mayoría de las personas recurren a la prensa y a la televisión para informarse sobre ciencia. Y en un caso, como el Ébola, evidentemente, más y con mayor motivo.

La actuación de la ministra Ana Mato en este caso
 ha sido muy cuestionada, tanto que ha tenido que
intervenir la vicepresidenta Sáenz de Santamaría
En casos como éste, se impone un tratamiento de la información muy escrupuloso en el que se deben contextualizar muy bien las noticias que se elaboren, se tiene que disponer de una buena agenda y manejar múltiples fuentes, se impone trabajar coordinadamente en equipo, se necesita ser muy riguroso con los datos y la información en general, se precisa reducir la incertidumbre y es imprescindible aumentar el control de la calidad. 

La información científico-periodística tiene la virtud de establecer interfaces, puentes de conexión, entre todas las partes implicadas en el proceso -emisores, receptores, fuentes, sujetos pasivos, sujetos activos, acontecimientos, hipótesis, etc- y eliminar notablemente el grado de ansiedad en la población y en los agentes implicados. De ahí, la importancia de la direccionalidad del mensaje periodístico en una cobertura informativa como la del Ébola y que la transmisión del mensaje se realice con la máxima claridad y contraste. 

En definitiva, la situación ocasionada por la aparición del Ébola en España debe ser abordada desde el rigor periodístico, pero dando voz fundamentalmente a los científicos y a los expertos en el tema, pues son los que fundamental pueden arrojar luz para superar con éxito un asunto tan oscuro y desconocido como éste.

Agachada, de blanco, Julia Gª Agustín,
en sus tiempos en la SER, en el equipo
del 'Hoy por Hoy' de Iñaki Gabilondo,
en los 90
La autora

Julia García Agustín es profesora Investigadora del Departamento de Periodismo III, en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Es doctora en Aspectos Teóricos, Éticos y Estructurales de la Comunicación de Masas, Máster Business Administration (MBA) y licenciada en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Durante 20 años ejerció el periodismo en radio, prensa y televisión en los principales medios españoles y colaboró con distintos diarios de América Latina. En el ámbito empresarial desde 2004 ha desempeñado funciones directivas en las áreas de estrategia y comunicación. Ha participado en el Taller Jack F. Ealy de Periodismo Científico del Instituto de las Américas y la Universidad de California-San Diego (EE.UU), forma parte de distintos grupos de investigación, es asesora académica de H2ong y profesora invitada de las Universidades de Bergen y Libre de Berlín. Es autora de un modelo de gestión de la información, de un libro y de diversos artículos científicos. Miembro y presidenta de la Academia de Doctoras (AcDras).

martes, 21 de octubre de 2014

Nuevo golpe de timón en Kiss FM

A nadie, a estas alturas, puede sorprender la forma de dirigir una empresa, cuando el propietario se llama Blas Herrero. En primer lugar, diré, por si nadie se ha parado a reflexionar, que está en su derecho, de acertar o de equivocarse, porque la empresa es suya. Bien es cierto que las noticias más habituales, y abundantes, relacionadas con el propietario de Kiss FM son las ubicadas en los tribunales más que en la propia radio. Aunque la mayor parte de las ocasiones, las sentencias dejan en entredicho la legalidad de sus decisiones, como el último caso surgido del despido del anterior director general de la compañía, Juan Cepeda, Herrero se empeña en tomar decisiones a contracorriente.

Blas Herrero, propietario de Kiss FM
A comienzos de esta temporada tomaba otra decisión, cuando menos, llamativa. Eliminaba, de golpe y porrazo, el morning show, “Las Mañanas Kiss”, y prescindía de Cristina Lasvignes tras cumplir su contrato. A Cristina le acompañó en la salida, semanas después, otro histórico de la casa, al que le salieron los dientes casi en Kiss FM, y que dedicó incluso la investigación de su doctorado al fenómeno radiofónico que sin duda constituyó Kiss FM desde luego en otro tiempo. Me refiero a Alfredo –Fredy- Arense, autor del magnífico libro “Las 3 emes”, surgido de su investigación académica, que recomiendo desde estas líneas de nuevo.

Blas Herrero no se quedó ahí. Reestructuró completamente la emisora, suprimió los programas, por llamarlos de alguna forma, que habían conformado la cadena musical de los ‘oldies’ en otro tiempo, y dio un golpe de mano, insisto, que a estas alturas de la película no puede sorprender a nadie. Su modo de proceder siempre ha sido el mismo. Tal vez sea, del sector de medios de comunicación, el empresario que más funciona dejándose llevar por su intuición, pese a quien pese, se llamen consultores o tendencias.

Varias han sido las consultoras que han pasado por Kiss FM y que han supuesto altos costes para las arcas de esta cadena musical. Históricamente la mayoría han sido extranjeras. Pero ahora son españoles, con la empresa On Demand, presidida por Javier Pons, exconsejero delegado de Prisa Radio y ex director de TVE, y Eva Cebrián, hija de Juan Luis Cebrian y ex alto cargo en TVE, con una larga trayectoria en medios de comunicación, como asesores principales de esta firma.

Vaya por delante que creo más en consultoras españolas que en extranjeras, no porque sepan más o menos de radio, cuestión que es fácilmente evaluable; sino porque una consultora española conoce mejor no solo el mercado español, sino sobre todo la idiosincrasia hispana, lo que –pese a lo que argumenten en contra los consultores extranjeros- determina buena parte del análisis a la hora de establecer las recomendaciones más inteligentes que pueden hacerse de cara a lograr los mejores resultados de una compañía. Éste era el mismo sentido que le daba a sus palabras, hace unas semanas, en este mismo blog, José Antonio Abellán, al referirse a los consultores y afirmar que no creía en ellos, “a mí que no me venga un tipo que no sabe qué es una siesta, un tinto de verano, y que no sabe lo que es una terraza a las cinco de la mañana a decirme lo que le tengo que contar a la gente” –afirmó-.

La alegría de Marta Ferrer, Alfredo Arense y Cristina
Lasvignes no ha servido para reforzar su continuidad
Se supone que Blas Herrero se hace rodear de consultores que le aconsejen para, aparte de pagarles, seguir sus consejos y acertar más con las tendencias del mercado. De hecho Kiss FM constituyó en su momento una auténtica revolución en el sector cuando descubrió un nicho en la audiencia española que le hizo crecer por encima del millón de oyentes en muy poco tiempo, cifra, por cierto, que todavía no ha recuperado del todo después de sus desatinos con una fórmula un tanto críptica. Y lo hizo con la ayuda de los consultores.

En un momento en que las tendencias del mercado de las radiofórmulas apuntan a una resurrección de los programas frente a la simpleza de una sucesión de temas musicales que ya cada uno puede autoprogramarse en su Smartphone o diseñarse en forma de lista personal en Spotify, por ejemplo; en un momento en que, no solo eso, sino que las emisoras convencionales empiezan a relajar su tono e introducir formatos mixtos, a medio camino entre la gravedad informativa y el morning show (“La Mañana” de la Cope sería el último ejemplo); en un momento, en definitiva, en que se buscan nuevos formatos radiofónicos, y también comerciales, como las inteligentes propuestas de “Yu, no te pierdas nada (Los 40 Principales) o “Un lugar llamado Mundo” (Europa FM), ambos con Toni Garrido por detrás, uno de los tipos más creativos en la radio actual en España, en un momento como éste, que nos está tocando administrar, la radio necesita orientación experta, y no comportamientos surgidos fruto de la intuición o la improvisación.

Javier Pons, conocedor profundo
del negocio radiofónico
Kiss FM sigue desorientada, aunque es curioso: tiene dentro unos tipos que tratan de orientar, desde la experiencia. Ese comportamiento de Blas Herrero atiende también, deduzco, no solo a la aparente vehemencia en la toma de decisiones, sino también a las cifras del EGM. Los resultados de “Las Mañanas Kiss”, que ahora lidera Enrique Marrón, todavía con menos medios que el equipo anterior, no llegaron a las cifras que, en ese mismo tramo horario, ocupaba Kiss FM años antes, cuando alcanzaba el medio millón de oyentes. Era lógico deducir que el objetivo de la puesta en marcha de este morning show, con unos costes mucho mayores que la modesta inversión en un DJ,  era superar ese punto de partida, y sin embargo, no se logró.

Cabían dos posibilidades en esa decisión, y me da la impresión de que, una vez más, se ha elegido la menos arriesgada, la más conservadora y eficaz en el corto plazo, pero no en el escenario del medio y, sobre todo, del largo plazo. Cabía suprimirlo –por la que ha optado Herrero- y cabía, por el contrario, reforzarlo, aunque dudo, a estas alturas del producto, si los esfuerzos hubieran obtenido buenos resultados, después de tres temporadas intentando hacerse un hueco con más buena voluntad que medios y una orientación, como he dicho en otra ocasión, muy timorata con los contenidos.

Tiremos de metáfora: cuando un corredor intenta ganar una maratón y no lo consigue, la culpa no es del circuito, sino de que él no se ha preparado lo suficientemente bien como para responder ante el reto. Algo parecido le ha ocurrido a Kiss FM en esta temporada: si los resultados alcanzados por “Las Mañanas Kiss” no han sido los perseguidos, no nos carguemos el programa o lo reduzcamos a su mínima expresión, sino potenciémoslo, reforcemos su producción y ampliemos la promoción.  Insisto: la marca Kiss FM es su principal y más envidiable patrimonio, y está siendo cada vez más dilapidado.

Enrique Marrón ha asumido
"Las Mañanas Kiss"
Pero no, Blas Herrero, con todo derecho, pero acierto dudoso, ha optado por suprimir todos los programas que habían puesto en marcha en la temporada anterior, y recuperar la radiofórmula que tanto éxito le reportó en otra época. Y subrayo lo de “en otra época”, porque los tiempos han cambiado, ¡y de qué forma!  Y en cuanto a la denominación de ‘programas’ para describir lo que había por las tardes (Rocío Moreno) y por las noches (Enrique Marrón), soy tremendamente generoso. Destaqué en su momento más el oficio y el esfuerzo de sus presentadores, que los resultados alcanzados. No voy a repetirme, pues ya lo he dicho en anteriores post dedicados a Kiss FM, pero para hablar de ‘programas’ tienen que darse una serie de circunstancias que en este caso no concurrían más que en “Las Mañanas Kiss”, y no del todo.

Kiss FM ya no puede vivir de rentas. Ni siquiera Los 40 Principales, que tan bien conoce Javier Pons, han sabido hacer frente al descenso de oyentes. Y no ha sido solo un problema del defenestrado Xavi Rodríguez, que no conseguía atraerlos, sino de la propia evolución del mercado radiofónico, más desgastado, y de la aparición, cada vez con más fuerza, de otros senderos paralelos para disfrutar de la música, bajo demanda, alojados en internet. Lo mismo ha ocurrido aquí. Ni Cristina Lasvignes, Alfredo Arense o Marta Ferrer han tenido la culpa de no alcanzar el objetivo prediseñado. Al contrario, para los medios de que disponían y las directrices que les marcaban (y atenazaban), han hecho un programa más que digno, pero no lo suficientemente atractivo como para seguir captando el apoyo de una audiencia que reclamaba –por el target histórico de Kiss, adulto contemporáneo- mayor apuesta por los contenidos, en calidad y cantidad.

Como siempre, el cliente decide. Quedo emplazado al EGM, pero no al inmediato, sino al segundo de 2015, que marca el final de temporada, y abarca, en acumulado, la lectura de nueve meses de trabajo. Entonces Blas Herrero confirmará si se ha equivocado o no. Pero recuerdo lo de los plazos. Aunque suba, o mantenga, resultados, en la carrera radiofónica hay que contar, ineludiblemente, con el escenario online. Y, si se sabe actuar bien, todavía es posible convertir la posible amenaza en una gran oportunidad.

jueves, 16 de octubre de 2014

Entrevista a Ángel Expósito (y II)

“Yo me creo el EGM lo justo”

Continúa…

-Mi experiencia -puedo equivocarme, y con el EGM más- me dice que el primero puede ser malo, porque vuestro concepto de ‘La Mañana es radicalmente diferente al de Ernesto Sáenz de Buruaga y lo primero que puede provocar es decepción en el oyente tradicional de Cope.

-No sé, Gorka. Yo lo siento por ellos, porque será una gente estupenda, pero no me lo creo.  No me creo el EGM. Lo siento mucho, soy así de raro. Pero, ojo, ni me lo creía antes, ni me lo creeré después, cuando nos vaya de cine, porque nos va a ir de cine. Me lo voy a creer lo justo: las tendencias, las gráficas…

-Por aquí quería ir yo, me lo has puesto en suerte. Sobre esos datos del EGM trabaja la consultora sueca Radio Intelligence que, evidentemente, habrá tenido mucho que ver en el nuevo concepto de programa que estáis poniendo en marcha. ¿Qué parte es de ellos? ¿Y cuál tuya? ¿Cómo os habéis repartido la paternidad? Porque tú eres tú, Ángel Expósito…

-Exacto. Mi personalidad es mía, y ahí no entra Radio Intelligence. Ahí hay un DNI y un carné de la FAPE. Yo creo que hay una mezcla, y eso puede estar bien. Ellos aportan un empujón hacia el cambio que, por nosotros mismos, no hubiéramos emprendido, en mi caso igual. Luego, cuando el consultor es bueno y te aporta sentido común, te puede tocar la moral, pero escúchale, porque en un enorme porcentaje tiene razón. Bueno, pues aprendamos.

-Y luego está la parte de la personalidad de la que hablábamos antes…

Momento de Ángel Expósito y
su equipo en "La Mañana" (Cope)
-Precisamente. Un consultor, por mucho que trabaje, no le va a cambiar la voz a Paloma Tortajada, que es la que mejor lee las noticias en España. O no le va a cambiar el tono y el humor a Goyo González, que es el tío que hace la publicidad en radio con mayor naturalidad de este país. 

-Pero está claro que puede haber confrontación de pareceres, entre la estrategia marcada por la consultora y tu criterio profesional. Por ejemplo, en torno al protagonismo de la política en “La Mañana”, que se ha reducido.

-Volvemos a lo de antes. ¿Quieres que bajemos al bar y preguntemos a la gente? Olvídate de que somos periodistas… ¿Preguntamos aquí en la esquina? No digo que nos olvidemos del tema catalán, ¡faltaría más! Es gravísimo, y lo que queda. No digo que nos olvidemos del Consejo de Ministros o de Luis de Guindos. Por supuesto. Seríamos unos necios. Pero, insisto, ¿preguntamos en el bar? ¡Nos sorprenderíamos! Luego, ¿quién se está alejando de quién? ¿Ellos de nosotros o nosotros de ellos? No me cabe la menor duda… nosotros de ellos. Ahí coincido absolutamente con el criterio del consultor. Que, además, luego puedes darle a la política otro plato de presentación en la antena, más cercana, más entretenida, en eso estamos. Si conseguimos ese equilibrio, habremos conseguido el cáliz.

-¿Estás consiguiendo hacer el programa que a ti te gustaría escuchar?

-Sí. Porque me lo paso pipa. Se me pasan las cuatro horas volando. Y creo que ése es el secreto.

-Coincido contigo.

-Y noto que cada vez me siento más suelto…

-¿Tú eres consciente de que de alguna manera estás innovando, Ángel? Tu propuesta está rompiendo los moldes del formato imperante en tu tramo horario, que es la información, tradicionalmente entendida, en la historia de la radio española, como un compartimento estanco con respecto a la radio del entretenimiento.

-No lo sé. Tampoco quiero ser tan pretencioso. Tal vez estemos innovando. Hombre, sinceramente pienso que no existe este producto en la radio española, no sé si ha existido antes. Pero tal vez haya que volver atrás en la conversación, otra vez, en cuanto a alejamiento del cliente. ¿Alguien ha oído seguida una hora y media de tertulia diaria radiofónica? ¿Nos hemos vuelto locos? A lo mejor está incluso mal media hora, que es lo que hago yo, pero ¡una hora y media! ¿Alguien ha oído una entrevista a un político, sea quien sea, de cuarenta minutos? Esto es igual que un periódico. ¿Alguien se ha leído una entrevista de ¡cinco páginas! con un presidente de Gobierno?

-Alguien podría preguntarse, al escuchar vuestro programa en la emisora de los obispos, precisamente, ¿y os van a dejar hacer esto todas las mañanas?

-Es que nos han contratado para esto, Gorka. Ése es el objetivo.

-Pero es verdad que a mí, todavía, y en la Cope, me choca escuchar en un editorial, a las ocho de la mañana, un término entresacado de la terminología de Chiquito de la Calzada, Ángel.

-(Sonríe). Bueno, a ver si encontramos la mezcla. Tienes que tratar de acercarte al oyente, y hablarle en su mismo idioma y a la vez ser riguroso y abordar las cuestiones con seriedad y profesionalidad...

-…ahí está el equilibrio!

Expósito ha asumido la nueva "La Mañana" como
un gran reto profesional, sin marcarse plazos
ni metas inalcanzables
-Si lo encontramos, seremos perfectos. ¡Pero no lo somos!

-¿El sentido del humor le va bien a la información? ¿No le resta credibilidad, como se creía antaño?

-¡No! Tajantemente no. Para mí es un error creerlo. Si yo cuento la historia de la niña de la Yihad cortando el cuello de su muñeca, no puedo introducir el humor, al contrario, se me revuelven las tripas. Ahora bien, dicho esto, o nos tomamos las cosas con humor, o no somos españoles. Yo recuerdo a mi abuela, con el hambre que pasó en la Guerra Civil, pues era la mujer más graciosa de España, con su sentido del humor y su deje castellano manchego o el chuleteo madrileño cuando se vino. Se trata de aportar el mayor número de registros en el menor tiempo posible, porque la gente es así.

-Y la vida es un compendio de sabores y sinsabores.

-Pero todo en su tempo, bien condimentado, con sus énfasis, sus silencios,…

-Dos últimas cosas, Ángel, ¿cómo ves el periodismo en España? Ponle el termómetro y qué marca…

-Yo creo que el periodismo ahora mismo está sumido en la “tormenta perfecta”. No sé si saldremos más pronto o más tarde, pero estamos metidos ahora en pleno maremoto. Tenemos por delante una reformulación del cliente, del receptor de nuestro trabajo, en nuestro caso una revolución del oyente, que reclama mucha más información, pero de otra manera distinta, y no nos hemos dado cuenta. Estamos también en una revolución  del oficio, en situación seguramente de precarización, como consecuencia de la crisis y de que las empresas son empresas y no ONG’s. Estamos en una revolución tecnológica que, desde Gutemberg, no había existido. Desde el siglo XV hasta nuestros días habíamos vivido la evolución de la imprenta, sin más aportación que la mejora del sistema. Pero ahora, con la llegada de internet, esto se ha venido abajo. En los últimos diez, quince años, hemos corrido más que en cinco siglos, y lo que nos queda. Todo esto, en el caso de España, sin un duro.

-¿Se va a salir de ésta?

-Sí, por supuesto.

El autor de este blog, Gorka Zumeta,
posando con Ángel Expósito
-¿Se va a salir mejor?

-Sí. Se va a salir redimensionado.

-¿A qué te refieres?

-Pues que, poniendo sobre la mesa el caso de Madrid, por ejemplo, que tiene seis millones de habitantes, de los que un millón y medio es lector de prensa diaria, no es posible que tengamos más de diez cabeceras entre generalistas, económicos, deportivos, etc. Y esto no es sostenible, como tampoco lo era que existieran 72 cajas de ahorros en España…

-Para terminar, Ángel, complétame esta frase: La radio es para mí…

-… de todos los soportes en los que he trabajado, el que más te permite acercarte al receptor, en este caso al oyente, mucho más que la televisión y el que te permite ser más tú.

martes, 14 de octubre de 2014

Entrevista a Ángel Expósito (I)

“Los periodistas cometemos el error de pensar demasiado en nosotros mismos y poco en el oyente”

Una de las mayores satisfacciones que me está proporcionando este blog es la posibilidad de conocer a muchos colegas y poder intercambiar con ellos reflexiones sobre la profesión. Tras la conversación, descubres que compartes con ellos, en la mayoría de los casos, escenarios, preocupaciones, ideas y, sobre todo, amigos. Conocer a Ángel Expósito ha sido, particularmente, una delicia. Un profesional de su trayectoria y renombre, curtido en la agencia Europa Press y en el diario ABC, y de los dos director que, de golpe y porrazo, atravesó el puente hacia el periodismo audiovisual y supo adaptarse a estos nuevos lenguajes con la habilidad de un camaleón, merecía hace algunos meses un post en el que destacaba estas virtudes. A raíz de él, tuve la oportunidad de conocerle personalmente y disfrutar de su agradable conversación. Y me quedé con las ganas de hacer partícipes a los lectores de este blog de su manera de pensar. Este pasado verano, con la salida de Buruaga de las mañanas de la Cope, y el encargo a Ángel de sustituirle, encontré el momento ideal: hablar ahora de su nuevo proyecto y de cómo se fue forjando en su cabeza y en la de los consultores suecos de Radio Intelligence que diseñan globalmente la estrategia de la cadena de los obispos. Me asaltaban bastantes dudas en torno a cómo se producía la convivencia y la coordinación en la toma de decisiones. Ángel Expósito ha venido para romper moldes en la Cope, aunque de fondo gravita la más que comentada interinidad de su labor al frente de las mañanas, a la espera del (presunto) aterrizaje de Carlos Herrera. Como esperaba, me recibió encantado en la sede de la Cope, en la madrileña calle Alfonso XI, número 4, cerca de El Retiro, un nombre, curiosa coincidencia, de tantas connotaciones religiosas.


-Qué pensaste cuando te ofrecieron el puesto?

-¡Jopé! Voy a hacer lo que han hecho Iñaki Gabilondo, Luis del Olmo, Carlos Herrera, Buruaga,… voy a competir en esa división. Lo primero que pensé fue ‘glup’, el peso de la púrpura… Voy a hacer lo que han hecho estos compañeros, con toda la distancia del mundo, ¡faltaría más! ¡Pero voy a jugar ahí!

-Distancias que estás marcando tú, porque no quieres hacer lo que ellos han hecho…

-En la radio… de autor, aunque no me gusta mucho el término, en el producto personal que queremos hacer, la personalidad es fundamental. Es imposible que Gabilondo haga la radio de Luis del Olmo, o que Carlos Herrera haga la radio de Gabilondo o que Buruaga haga lo mismo que Carlos Herrera. Pues seguramente yo tengo una personalidad diferente a la de todos estos grandes nombres.

-Pero si me refiero a la Escuela, esos nombres que has citado parten de una bifurcación entre la radio informativa y la radio entretenimiento.

Instantánea sacada durante la emisión
de 'La Mañana' de Cope, dirigida por Expósito
-¡Ah, amigo! Es que la clave es la mezcla, estoy convencido. Yo creo que los periodistas cometemos un error, en general, pero en la radio en particular: pensamos demasiado en nosotros mismos, y en las fuentes, y poco en el cliente, en el receptor, en el oyente. Pensamos mucho en la retroalimentación políticos-periodistas, economistas-periodistas, y pensamos poco en quien nos oye, nos lee o nos ve. Entonces, si conseguimos la mezcla entre lo interesante periodísticamente y lo interesante para el receptor habremos hecho el producto perfecto. Y en eso estamos…

-¿Y esa endogamia, que estás aireando, no nos lleva a ese planteamiento tan extendido de que los medios priorizan la consecución del poder y la influencia, frente al incremento de oyentes?

-¡Sin duda! Mira, primer pecado: la retroalimentación del periodista y la política, o de la fuente y del periodista, no se sabe quién es quién; segundo, cuando hablamos del alejamiento de los políticos frente a la ciudadanía, con los fenómenos populistas tan en ascenso, no nos damos cuenta de que el alejamiento de los periodistas es exactamente el mismo. Si uno sale a la calle y pregunta por los tertulianos, género del que yo formo parte, ¿qué te dicen? Les llama la atención si hablas con sentido común, si hablas con educación, si te sales de la política o si sabes del asunto. Eso quiere decir que muy bien no lo hemos estado haciendo. Hagamos autocrítica.

En ABC Punto Radio, ya desaparecida, Expósito
ya dejó ver qué tipo de radio informativa le gusta hacer
-En  este sentido, he oído autocríticas firmadas por periodistas de radio como Javier del Pino (SER), o Carlos Alsina (Onda Cero), por poner dos ejemplos, que critican que la programación que se hace hoy en día es la misma de hace veinte años…

-¡Claro! Fíjate, yo creo que los periodistas somos uno de los oficios más conservadores de la sociedad. Los militares, en España, seguramente por la transición democrática, han cambiado como nadie y otros muchos sectores, como los fontaneros o los albañiles. Mientras, los periodistas somos los más reacios al cambio, no sé si por nuestro prurito, por nuestra fama o protagonismo, pero somos reacios a acercarnos a los oyentes, que son, al final, nuestra clientela.

-Pues en este sentido que apuntas de cambiar, de adaptarse a los tiempos, tú eres un buen ejemplo, porque en mi blog me atreví a calificarte de “camaleón mediático”, por lo bien que habías sabido adaptarte a los diferentes escenarios del periodismo…

-Pero de eso se trata ¿no? Mira, la vida es como un equipo de fútbol, tiene que haber periodistas generalistas y especialistas. Tú no puedes ver a Ignacio Camacho, que es el mejor escritor de periódicos en España, presentando un telediario, ni seguramente puedes ver a Enric Juliana presentando un magacine...

-…pero los derroteros por los que te lleva la vida, te obligan a adaptarte, y unos lo hacen mejor y otros peor…

Expósito reconoce que nunca hizo menos
periodismo que cuando fue director de ABC
-Ahí voy, los periodistas generalistas nos adaptamos un poquito a todo. Zidane metía goles y defendía. Pues eso es como todo: mira a Iñaki Gabilondo, que ha tocado varios palos: radio, televisión, y lo ha hecho estupendamente. O Luis del Val, mira cómo escribe y cómo lo hace en la radio. Yo, además, tuve la suerte de ser agenciero.

-¿La mejor escuela de periodismo?

-Totalmente de acuerdo. Por dos motivos que te cuento: porque aprendes a saber lo que es noticia, que es la madre del cordero en nuestra profesión -si no das noticias estás muerto- y segundo, porque aprendes a competir.

-¿Y tu paso por ABC?

-Verás, Gorka, en mi caso me sirvió para tener una visión mucho más general del oficio, no sólo en su aspecto periodístico, sino también en su aspecto empresarial y gerencial.

-¿Pudiste hacer periodismo?

-El puesto de director de periódico es el que más te condiciona. Yo nunca habré hecho menos periodismo en mi vida que dirigiendo el ABC.

-Luego te llegó la televisión…

-Sí, y la radio se le parece bastante, también forma parte, de alguna forma, de ese teatro…

Expósito ha sido otro de los periodistas
'cautivados' por la radio
-Pero ¿cuál ha sido tu metodología a la hora de adaptarse a los medios audiovisuales, a los que por cierto te acercaste por primera vez como colaborador…

-No tengo una metodología determinada. Algunos dicen que me paso tal vez, pero me baso en la naturalidad…

-…¿y rodearte de buenos escuderos?

-¡Sin duda! En mis tiempos en Punto Radio tenía el apoyo de Pepa Ariza y José Antonio Piñero, ‘Piñe’, que era como ir con chaleco salvavidas antes de tirarte a la piscina. Y aquí en Cope tengo una tropa excelente: Paloma Tortajada, Goyo González, Luis del Val, Juan Antonio Alcalá, ¡qué quieres que te diga! No digo que así sea muy fácil, la puedo pifiar, pero ayuda muchísimo, claro.

-Te encargan poner en marcha las mañanas en la Cope y en lugar de tomarte tu tiempo, y pensarlo, recortas tus vacaciones y sales al aire el 11 de agosto.

-Bueno, eso fue en parte decisión mía y de programación de la cadena. Y lo agradezco.

-¿Porque abristeis el banco de pruebas!

Paloma Tortajada, Ángel Expósito y Tonia Etxarri,
en un momento de la tertulia de "La Mañana" de Cope
-¡Totalmente! Hemos hecho los números 0 en directo. Desde que salimos al aire hasta hoy, hemos evolucionado un montón. Si hubiéramos esperado, nos hubiera costado coger el ritmo. Pero, ojo, lo hemos hecho jugando ya la liga… Hemos hecho una pretemporada en directo, fantástica. Desde el punto de vista personal, por lo vital; desde el punto de vista del equipo por el encaje y desde el punto de vista del programa, por el ajuste.

-Y no te olvides del punto de vista estratégico, porque titulé mi post “El que da primero, da dos veces”.

-(sonríe) Puede ser, sí.

-El que te haya conocido antes, ha tenido más tiempo para probarte, y vuestro estilo es muy rompedor.

-No sé, ya veremos. El pressing de los datos de las audiencias me obsesiona lo justo.

Continúa…