Hay quien nace y hay
quien se hace. Él se incluye entre los primeros. Vivió sólo veintitrés años. La
guerra civil española interrumpió violentamente su camino. A pesar de ese
brusco final, ha pasado a la historia por justicia. Tenía facultades y
aptitudes para el dibujo y la pintura; pero, lo más importante, supo
encauzarlas por la dirección adecuada. Pudo repetir, con maestría, la estética
folklórica vasca de su época. Sin embargo, prefirió adentrarse en el laberinto
de las vanguardias y salir luego airoso de esa experiencia. Su obra -compuesta
por dibujos, óleos, fotografías y fotomontajes- nos ha llegado gracias al celo
y al cariño de su familia, que fue cómplice de su natural e intensa actividad
creadora.
-¿Qué te dijo Ramón Gómez de
la Serna de tus
fotografías?
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| Nicolás de Lekuona |
-Al
principio, por su gesto, desconfiaba de mi capacidad; pero luego, conforme iba
viéndolas, su rostro evidenciaba sorpresa. Quiero creer -por lo que luego me
dijo- que agradable sorpresa. Me dio muchos ánimos al reconocer que no sabía de
ningún otro fotógrafo que se pareciera a mí. Incluso me auguró un espléndido
futuro profesional como cameraman.
-¿Había que ir a Madrid para
triunfar, Nicolás?
-Digamos
que no era imprescindible, pero sí recomendable. Después de estudiar en Beasain
con los Hermanos de las Escuelas Cristianas y de continuar mi preparación en
San Sebastián, Madrid significaba para mí la posibilidad no sólo de seguir
estudiando como aparejador, sino también -y sobre todo- la oportunidad de
conocer gente que a mí me interesaba y creía podía aportarme algo.
-¿Allí conociste a Jorge
Oteiza?
-Sí,
y además de Jorge, a José Sarriegui, y a Joaquín Gurruchaga. Y a muchos otros.
Con ellos frecuenté las tertulias del café Pombo, siempre apasionantes y
entretenidas. Me introduje en el Círculo de Bellas Artes. Frecuentábamos la Biblioteca Nacional...
era la única forma de leer revistas extranjeras y de ver qué se estaba haciendo
fuera de España.
-¿Llegaba a nuestro país
suficiente información?
-No
estaba mal. La República
permitió que muchas corrientes entraran y facilitó mucho las cosas.
-¿Por qué elegiste el camino
más difícil?
-Desde bien jovencito todos
reconocían que tenías facilidad para el dibujo. De hecho tus estudios se
orientaron hacia este campo. Tu tío Eugenio te animaba a pintar obra de
temática vasca. Incluso participaste en una exposición, en el Museo de San
Telmo, en San Sebastián, con un par de dibujos de tipos vascos. De pronto, de
la noche a la mañana, a raíz de tu marcha a Madrid, todo cambia.
-¡Ya!
Te entiendo. Ese camino al que te refieres estaba agotado en sí mismo. No me
interesaba porque no podía aportar nada. Sentía la necesidad vital de jugar, de
experimentar -llámalo como quieras-. La aportación de esa pintura folklorista
al arte de mi época era más que dudosa. No pasaba, creo -y disculpa si soy muy
radical- de tener un mínimo valor decorativo.
-Eres muy duro, Nicolás.
-Seguramente.
-¿Y qué me dices entonces de
Guezala, Ucelay, Aranoa, Olasagasti o Cabanas Erauskin?
-Que
eran buenos coloristas.
-¡Bueno, vamos a dejar esto!
-Como
quieras.
-¡Definitivamente: no a la txapela, no a los baserris (caseríos) ni a los paisajes vascos! ¿Y qué contestas a
los que dudan de tu condición de vasco?
-Ya
sabía yo que ibas a terminar ahí. Te pregunto yo ahora: ¿qué tiene que ver una
cosa con la otra? ¿o es que, si no pintas txapelas
y tipos vascos no puedes sentirte de esa tierra?
-Creo que ya me has
respondido.
-Sí.
Yo también lo creo.
-Dicho
así, parece que Jorge hubiera hecho algo ilegal o inmoral. Te respondo: sí y
no. Sí me inició en esa dirección, si atendemos a la idea que defendía de
constituir una "asociación de artistas nacionales vascos en pie de
guerra". Pero no fue el único factor que influyó en el camino por el que
opté. Todos entendíamos a Jorge, y yo el primero. Había que luchar contra lo
viejo y lo caduco de nuestra época. Era lo lógico, lo generacional, si me
apuras. Hacer lo contrario, casi, era ir contra
natura.
-Pero ¿tenías -o teníais-
algún tipo de resentimiento o crítica a los artistas que os habían precedido?
-¡En
absoluto! Lo que estaba hecho, estaba hecho. ¿Para qué lamentarse? Todos mis
aplausos, por ejemplo, para Vázquez Díaz, que era la figura de mis comienzos.
-Te noto un poco irónico. ¿Y
tú estabas convencido de que tu camino era el acertado?
-Podía
equivocarme, como todos; pero creía que era mi obligación.
-¿Y los críticos?
-¡Bah!
¡Todos son unos ignorantes!
-¿No es muy fuerte
generalizar de esa forma?
-Te
lo digo tal y como lo siento.
-¿A qué aspirabas entonces?
-¿A qué aspirabas entonces?
-Simplemente
a que, después de mi muerte, reconocieran mi obra.
-¡Así ha sido!
-¡Menos
mal! ¡Mereció la pena!
-¿Qué ha merecido la pena,
Nicolás?
-El
esfuerzo.
-¿Perdiste la juventud por
el arte?
-No
lo sé. Mis juguetes fueron los lapiceros y la cámara de fotos.
-El
aita (papá), como sabes, murió el
mismo año en que fui a Madrid a estudiar. En Ordizia quedaron la ama (mamá) y mis cinco hermanos. Como
estaba fuera de casa procuraba escribir mucho y contarles mis avances. En
cuanto a mis hermanos, siempre fueron mis mejores modelos.
-Todos, Pedro Mari, Trini,
Gregorio, Beatriz y María Teresa te adoraban. Gracias a ellos nos ha llegado tu
obra, tanto la pintura como la fotografía. ¿Con cuál te quedas?
-Con
las dos, por supuesto. No podría elegir. No quiero elegir. Y además, ¿por qué
tengo que hacerlo?
-Cambio de tema: ¿es verdad
que visitaste el depósito de cadáveres de la Facultad de Medicina con
Jorge Oteiza?
-¡Sí!
Nos colamos para verlo. Formaba parte de las excursiones bohemias que, de vez
en cuando, nos permitíamos.
-¿También te gustaba
Alberti?
-Creativamente
nosotros estábamos más cerca de la Generación del 27 que de la del 98. Me movía.
Trataba de colocar mis fotografías, de intentar publicarlas en alguna revista,
de hacer algún que otro trabajillo que me permitiera firmar.
-¿Y todo eso con veintidós
años?
-Nada, que me cuesta
creerlo.
-¡Era
mi vida!
-¿Y cómo llegaste a la
fotografía?
-En
un momento, un instante. Me atrajo la misma naturaleza de la técnica
fotográfica. El hecho de que puedas expresar una emoción, un descubrimiento, en
una milésima de segundo es algo que no te lo permite ninguna otra expresión
artística.
-Aquí es donde llegan tus
encuadres diagonales, tus picados y contrapicados, los primeros planos...
-Pero
no te vayas a creer que yo inventé nada. Simplemente seguí el camino que ya
habían abierto otros como Moholy-Nagy o Man Ray.
-¿Reconoces explícitamente
que copiaste?
-¡No,
tanto como eso no! Copiar supone una actitud determinada. Yo traté de seguir mi
propio camino, pero no puedo negar las influencias. Te pondré un ejemplo:
Picasso llegó al Cubismo no por generación espontánea; sino porque antes, otro
pintor, Paul Cézanne, descompuso las formas. ¿Me explico?
-¿Qué es para ti el
Surrealismo?
-Una
reacción.
-¿Sólo eso?
-¿Te
parece poco?
-¿Y la guerra?
-Algunas de tus fotografías
recogen esa temática, ¿por qué?
-Me
preocupaba. Ya te lo he dicho antes: era una de mis obsesiones. Nací un año
antes de que comenzara una guerra mundial, fíjate, y tuve la desgracia de
participar en una guerra civil española.
-Gracias por la charla, Nicolás. Ha sido muy agradable.
-Gracias por la charla, Nicolás. Ha sido muy agradable.
-Lo
mismo digo.
-¡Toma! Te regalo este
libro. Es tuyo.
-Si
es mío, no me lo puedes regalar...
-Quiero decir que trata
sobre tu obra.
-¡Qué
gordo! ¿Tanto he merecido?
-¡No todos los críticos iban
a ser unos ignorantes!
-Tomo
nota.
Fragmento de la entrevista realizada a Nicolás de Lekuona en el libro "Diálogos Fotográficos Imposibles", de Gorka Zumeta.
Fragmento de la entrevista realizada a Nicolás de Lekuona en el libro "Diálogos Fotográficos Imposibles", de Gorka Zumeta.



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