jueves, 31 de octubre de 2013

Fotografía de los combatientes de Welles (y III)

Fotografía Gorka Zumeta
Continúa...

Todo terminó felizmente, como era de esperar; aunque Primitivo Rojas –el ‘dire’- abrigase ciertas dudas, lógicas, sobre la coordinación entre todos, debido a los escasos ensayos que pudimos hacer. Pero, como muy bien apuntó, José María Alfageme –‘Alfa’ para los amigos- “déjese de entrenamientos, míster, y láncenos al campo a jugar el partido”. Efectivamente, en el directo, todos nos crecimos y “La Guerra de los Mundos”, de Orson Welles, cobró vida de nuevo, igual de vigorosa, y eficaz, como hace cinco años, en 2008.

Pero hasta llegar al reestreno, todos nos reunimos de nuevo sobre el escenario del Teatro MIRA de Pozuelo de Alarcón (Madrid) para hacer el ensayo general. Luis del Olmo y Elías Rodríguez llegaron tarde a la convocatoria. El resto de compañeros aguardaron estoicamente su llegada, hasta que tuvimos la confirmación de que estaban cerca del teatro y empezamos sin ellos, a la espera de que se incorporasen sobre la marcha.

A última hora, Andrés Caparrós se unió al ‘contingente’ de esta “Guerra de los Mundos”, confirmando que el oficio forma parte de su personalidad. Me acerqué a él para saludarle y transmitirle mi admiración. “Todo aquel que no sepa quién es Andrés Caparrós en la historia reciente de la radio española –le dije- no tiene ni idea de radio”. Se sintió halagado pero, como todos nosotros, convencido de formar parte de una obra coral en la que todos participamos con auténtico placer, como niños con zapatos nuevos, tal era la impresión que me daba, al verle, el maestro Luis del Olmo.

El ensayo transcurrió sin apenas incidencias, en ritmo y tiempo. Mejoramos marcas en el reloj de anteriores ensayos y fuimos ensamblando mejor los efectos especiales con nuestra narración. Jorge Álvarez, siempre atento, iba dirigiendo por señas todas las intervenciones y coordinando al equipo técnico de RNE que tuvo el detallazo de apoyar a la Academia de la Radio en esta nueva convocatoria, con ocasión del 75 aniversario de la emisión de “La Guerra de los Mundos”, de H.G.Wells, en versión de Orson Welles.


Goyo González y Paco de León
Concluimos una hora antes del estreno. Primitivo Rojas nos dio un ‘recreo’ y la hora del regreso. José María Alfageme, Ángeles Afuera, Goyo González y servidor fuimos a un bar cercano a tomarnos un tentempié para aguantar el tirón de la función. Y hablamos, cómo no, de radio. De la fuerza de la radio y de cómo, en muchos casos, los profesionales de este medio no nos hacemos valer como deberíamos, como ocurre sin duda con otras academias, y colectivos, como la de cine o la de televisión. La radio tiene mucho que decir, y sin embargo, no lo hace. No lo hacemos.

Regresamos y nos dispusimos a escuchar el ‘¡prevenidos!’, tan propio de los estrenos, antes de escuchar “¡telón!”. Luis del Olmo ya tenía el micrófono inalámbrico de RNE en la mano, preparado para presentar a nuestro particular Orson Welles-Primitivo Rojas. Un lujo el maestro Rojas. “¡Señoras y señores, con ustedes Orson Welles!” –sonó en la megafonía-. Subió el telón y Primitivo empezó a hablar:

“Ahora sabemos que en los primeros años del siglo XX, nuestro planeta estaba siendo observado muy atentamente por inteligencias superiores a las del hombre, aunque también tan mortales como las nuestras. Sabemos ahora que mientras los hombres se dedicaban afanosamente a sus múltiples ocupaciones y negocios, estaban siendo examinados y estudiados, tan minuciosamente, como el hombre mismo hace con un microscopio cuando examina los microbios que se concentran y multiplican dentro de una gota de agua”.

Y este texto, adaptado de la novela original del británico Herbert George Wells, lo dirigió un Orson Welles de 23 años, al que muy pocos conocían, todavía. En pocos años se iba a hacer uno de los actores más grandes del mundo y padre de una de la cinco mejores películas de toda la historia del cine: “Ciudadano Kane”, cuya estructura se sigue diseccionando en las escuelas de cinematografía de todo el planeta.


Final de la representación, con Luis del Olmo 
en el centro leyendo los nombres de los 'combatientes'
Con el telón abierto, la obra ya había empezado a desarrollarse. Empezó Primitivo, siguió Paco de León, Ángeles Afuera, Manolo González, y así hasta más de treinta compañeros que quisieron participar de esta fiesta de la radio.

Y llegaron las escenas más difíciles de representar, la primera, la muerte del reportero Carl Phillips, al que daba vida, espléndidamente, Goyo González. Goyo había acudido al teatro vestido ‘ad hoc’ para representar su papel (como puede vérsele en la fotografía, junto a Paco de León). Salió bailando, al ritmo de “Polvo de Estrellas”, la melodía que interpretaban nuestros músicos en directo y comenzó a narrar los primeros momentos, previos a la invasión marciana. Ahí se encontró con el profesor Pierson, al que daba vida el gran Elías Rodríguez.

Para apoyar la escena de los horrores, cuando se abre el primer platillo volante y surge el alienígena asesino, el “coro”, formado por todo el grupo de actores tenía que representar un papel colectivo, el de la gente que se arremolinaba alrededor del platillo para ver qué era esa cosa. El policía –José Antonio Páramo- se empleaba a fondo para mantener el orden, silbato en ristre. Ahí teníamos que mantener el murmullo de voces, apoyando la escena. Carles Francino le dirigía unos improperios al pobre policía que no sé cómo no provocaron la hilaridad descontrolada de todos. Hubo apelaciones, nada favorables, a Mourinho y otros personajes de su entorno. Si alguien se dedica a escuchar con auriculares la emisión, es posible que llegue a escuchar algunos de esto comentarios, que solo debían sumar murmullo y reforzar el ambiente. Mónica Chaparro era otra de las espontáneas que, provista de su natural desparpajo e imaginación, iba aportando a la escena comentarios de lo más frikis. Y el pobre Páramo-Policía aguantando…

Al comienzo en la platea se oían conversaciones entre el público, pero pronto desaparecieron para hacerse un completo silencio. ¡Les habíamos enganchado! Juan Diego Guerrero será, probablemente, el colega que mayor experiencia acumule en representaciones teatrales, como miembro de una compañía de teatro aficionado, dedicada a representar textos clásicos, pero les aseguro –a los que no lo hayan vivido- que situarse sobre un escenario, y actuar frente al público, inocula una adrenalina en el cuerpo como muy pocas cosas en esta vida. Tal vez… la radio. Son más parecidos de lo que pensamos…


Así empezó todo, con Luis del Olmo sobre el escenario
del Teatro MIRA (Fotografía: @elcaballeroyo)
Poco a poco fueron desfilando delante de los atriles del Teatro MIRA de Pozuelo de Alarcón todos los compañeros, con actuaciones soberbias de todos ellos. Me permitirán subrayar el esfuerzo de Gonzalo Estefanía, que muere en directo (aquí muere hasta el regidor), Albert Castillón, que se lanza con su avión a estrellarse contra las máquinas alienígenas, el propio Francino, que se había preparado a conciencia su papelito de General Smith; Alfageme, como el granjero Wilmuth –en clave, casi, de Paco Martínez Soria, el papel más españolizado y el único que permite degustar un poco de buen humor al público; el ‘capitán’ de Juan Diego, el ‘secretario de estado’ Emilio Javier y, sobre todo, esa genial interpretación del ‘extraño’, que se encuentra fortuitamente, cuchillo en mano, con el profesor Pierson, en una ciudad desolada e inhóspita, interpretado por José Ángel Fuentes.

En este sentido, Primitivo apuntó que, durante la lectura de los créditos finales, en boca de Luis, cada uno de los nombrados se levantara de su silla y acudiera al borde del escenario para saludar al público. Alfageme sugirió que se hiciera igual que en el teatro, dejando a los principales actores para el final, a lo que, rotundo, Primitivo se opuso radicalmente: “no, no, en absoluto, ésta ha sido una obra coral, hecha entre todos, y así debe quedar reflejado también al final”. Y así se hizo.

Cayó el telón y todos nos fundimos en un sinfín de abrazos. Primitivo estaba exultante. No era para menos. Habíamos hecho un buen trabajo. Y el público nos lo agradeció. Utilizamos recursos teatrales, como el de la calabaza, que paseó –con coreografía de torero (se le nota demasiado)- Manolo González, y que hace cinco años yo tuve la suerte de sostener en el MIRA.


Luis del Olmo, Carles Marin y Joaquín Prat
Nos esperaba un coctel para atemperar los nervios acumulados durante la función y para encontrarnos con familiares y amigos. La opinión generalizada era ¡qué bien lo habíamos hecho! Me encontré con colegas, y amigos, como Inmaculada López, o compañeros de la SER como Mariano Revilla, Tino Rebollo y Emilio Escribano, a los que hacía al menos tres años que no veía. Cariño a borbotones. Igual que con el maestro José Luis Arriaza, del que hablaré en otro momento, por merecimientos propios. Tuve la suerte de conocer a Raúl y a José Luis, dos seguidores de mi blog que me felicitaron por su orientación y contenidos. Les di efusivamente las gracias. Como dijo Primitivo al final de la representación, nada haríamos los de la radio si, al otro lado, no nos encontráramos de frente con el público. Poner caras a mis followers o seguidores les alejaba de las frías e impersonales cifras del contador de visitas. ¡Qué alegría!

Esta “Guerra de los Mundos” de 2013 cumplió todas las expectativas, las nuestras y las del público reunido en el MIRA de Pozuelo de Alarcón. Pero ante todo –y ruego disculpas por el tono tal vez excesivamente endogámico de los tres últimos post- lo que ha supuesto, al menos para mí, ha sido un enorme placer por el reencuentro con viejos amigos, todos unidos por la radio, la misma, “¡señoras y señores!” que hace que ustedes lean estas líneas. ¡Muy agradecido!


Y ahora sí, aquí está la versión 2013 de La Guerra de los Mundos”, de Orson Welles, producida por la Academia de la Radio, y dirigida por Primitivo Rojas. Podéis elegir la versión que más os guste: la imagen o el sonido:

Audio

Video


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